TEOCRACIAS
21/11/2025
Cuando estaba en Ferrara,
aquello fue como un pequeño laboratorio,
primero, los neofascistas,
los amigos de Meloni,
sí, sí, eran del partido, o casi, de Meloni,
bueno, de aquella el que mandaba era Gianfranco Fini,
y con los que yo andaba, eran de Roberto Fiore,
pero eran todos lo mismo, porque a todos les pagaba la CIA.
O la chia, como decían en lengua dantesca.
Luego estaban los palestinos,
que vivían en aquella residencia,
y se preocupaban por si el agente del Mosad,
se enterase que habían puesto una bandera en la habitación,
pero no de Yasir Arafat, porque de aquella ni existía Hamás,
año 2003, o era, al menos residual,
el agente del Mosad, que tenía sus vicios,
como buen iluminado del pueblo elegido,
le gustaba mucho apostar,
me decía, o me contaba, susurrando cosas al oído,
que yo podía ser uno de ellos,
pero yo estaba a lo mío,
que era pasear entre la niebla por la noche,
y ya de mañana ir a hablar con un fraile franciscano,
Buenaventura, que me quería regalar una radio,
para que escuchase Radio María,
de todos, el único que me ayudó,
fue el monje franciscano, que no era como Savonarola,
sino paciente, cercano,
y sobre todo cristiano.
Y es que, Dios, joven Hermes, está en las pequeñas cosas,
una mirada, una frase, el canto del pájaro.
Un detalle.
Por eso, cuando ahora llaman a la guerra,
se destila en sus palabras la mentira,
unos las cierran, las curan,
y otros las abren, las heridas.
Y es así que en un pequeño laboratorio,
se aprecian los regalos de Dios,
que son como el tiempo,
que nunca se acaba,
futuro,
pasado,
presente,
y siempre, Dios mío, tu amor y tu aliento.